miércoles, 27 de febrero de 2013

Qué energía consumimos

Alrededor del 80% de la energía que se consume en la UE procede de combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón). Una proporción significativa de éstos procede de fuera de la UE. La dependencia del petróleo y del gas importado, que en la actualidad se sitúa en torno al 50 %, podría elevarse al 70 % en 2030, esto nos hace ser dependientes de elementos externos.

La UE debe emitir  menos CO2 y reducir el uso de combustibles fósiles en la industria, el transporte y los hogares, recurriendo a fuentes energéticas renovables en combinación con el ahorro energético a través de un uso más eficaz de la energía para generar electricidad, calentar o refrigerar edificios y suministrar combustible al transporte, especialmente a los automóviles. Esto presupone un importante cambio hacia la utilización de energía eólica, biomasa, energía hidráulica, energía solar y combustibles biológicos procedentes de materia orgánica (especialmente energías renovables dentro de la UE).

Podría ahorrarse una quinta parte del consumo de energía, de aquí a 2020, mediante cambios en el comportamiento de los consumidores y el uso de tecnologías eficientes en cuanto a la energía. De estos datos parte la Directiva 2002/91/CE cuyo objetivo es fomentar la eficiencia energética de los edificios de la Comunidad Europea, a traves de la certificacion energetica ya sean edificios existentes o de nueva planta, y reducir la demanda de energía de los edificios un 25%, además de producir un uso real de energía renovable, el certificado energetico debe proponer soluciones a las carencias detectadas, como un correcto aislamiento de los cerramientos y/o un estudio de mejora en las instalaciones del edificio, con esto se puede llegar a ahorrar el 50% de la energía consumida, lo que supondría cerca de 60 millones de euros de la factura anual. Si no actuamos, el consumo energético de la UE podría incrementarse en un 10% en 2020.

Los últimos datos ofrecidos, revelan que el sector servicios y doméstico sigue siendo el principal consumidor de energía final (un 41,3% del total), seguido del sector transporte (30,7%) y del industrial (27,9%). En cuanto a la procedencia de la energía final consumida, la mayor parte es petróleo (un 42,8%), seguido del gas (24,3%) y la electricidad (20%). Las energías renovables, todavía están sólo al  4,3% del total.
  
Analizando una a una las fuentes de energía más comunes en la UE:

El petróleo sigue siendo la fuente de energía más problemática en referencia al abastecimiento energético. Esta demanda experimentará un crecimiento moderado, en torno al 0,3% anual desde 2000 a 2030. Los aspectos que van a determinar las necesidades futuras de petróleo son la dependencia por parte del sector del transporte, el riesgo de fluctuaciones de los precios y el desarrollo de combustibles alternativos.

El gas natural se perfila como la fuente favorita de energía en el horizonte del 2025 con un crecimiento en su demanda en torno al 1,8% anual, incrementándose el consumo en un 50% desde el 2002 a 2025. Mas del 60% se destinará a la producción de electricidad, y muchos países están reconsiderando reemplazar por gas natural sus plantas de producción de electricidad alimentadas por petróleo o carbón.

El carbón es interesante, en Europa las reservas son abundantes, y la competencia de los mercados mantiene los precios bajos y estables. No obstante, el carbón ha dejado de utilizarse en los hogares (a razón de las disposiciones legislativas contra la polución atmosférica). La previsión es que la demanda de carbón permanecerá en los mismos valores que en el año 2000. A largo plazo puede seguir revistiendo interés teniendo en cuenta las nuevas tecnologías que además de reducir los costes de extracción y las emisiones, aumenten su eficiencia. Es probable que el carbón siga utilizándose en la generación de electricidad en beneficio de la diversidad energética y de la seguridad de abastecimiento.

El consumo de energía nuclear  representa un 15% del consumo total de energía. En Europa tuvo un ligero aumento hasta 2010, en torno al 1,9%. A partir de esta fecha, comienza a descender, como resultado del cierre en algunos países de sus centrales nucleares. Sin embargo, cabe la posibilidad que esta política cambie, teniendo en cuenta que la energía nuclear no emite a la atmósfera gases contaminantes. En el caso de que las centrales nucleares después de su vida útil, que suele ser unos 40 años, se sustituyan por otras centrales eléctricas convencionales, no sería posible cumplir con los compromisos de Kyoto.

Energías Renovables, su incremento promedio anual esta torno al 1,9% desde el 2000 hasta el 2030. Aunque, en general, esas fuentes son más baratas e incluso gratuitas, la tecnología necesaria no ha alcanzado aún el grado de madurez suficiente para que sean económicamente atractivas. En teoría, la energía renovable puede proporcionar un abastecimiento seguro, no contaminante y asequible, sin riesgo de agotamiento de las reservas. No obstante, uno de los principales obstáculos, además de las dificultades técnicas, es el elevado coste de las tecnologías sobre energías renovables en comparación con las de combustibles fósiles. En los sectores donde la tecnología está más avanzada, por ejemplo le energía eólica, los costes cayeron de forma espectacular en el decenio anterior y lo siguen haciendo ahora.

Llegamos a la conclusión que con unas inversiones adecuadas en investigación y desarrollo de tecnologías que permitan la comercialización de energías renovables a corto, medio y largo plazo, estas fuentes podrán contribuir a resolver de una forma aceptable muchos de los problemas energéticos de Europa a largo plazo. El desarrollo total de las fuentes renovables de energía  puede desempeñar un papel muy importante en la reducción de las emisiones y en el consumo energético.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada